Ni siquiera son las seis de la tarde y ya empieza a oscurecer, noto un escalofrío que recorre todo mi cuerpo, enciendo la estufa y me acurruco debajo de una manta mientras intento entrar en calor con un té.
Los días se acortan, el frío me invade, poco a poco me doy cuenta de que me apetece más quedarme en casa a pasar la tarde, pero aun así algunos días intento aprovechar los últimos ratos de sol sentada en alguna terraza del barrio.
Lulú se acomoda a mi, otras veces prefiere el lado de la estufa. Clau pasea, (debe ser menos friolera).
Por la noche me visto con ese pijama tan poco sexy que he decidido recuperar del armario y formo un ovillo conmigo misma abrigándome con mi propio cuerpo, un edredón, una manta, la estufa.
Al despertar descubro que no me he movido del mismo lado de la cama, incluso dormida evito invadir la parte fría de la cama.
Me tapo hasta la cabeza mientras remoloneo un poco, cada días cuesta más levantarse, me arrastro a coger los calcetines de lana hechos por la yaya y me abrigo con una bata, corro hasta la cocina, pongo agua a calentar para preparar un té y mientras abro la galería, se respira frío afuera...
...mi quinto invierno en Barcelona está llegando.
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