miércoles, 24 de septiembre de 2008

Viejos amantes

Y hablaban como viejos amantes, él no contaba nada, ella le explicaba sobre el chico que había conocido, el nuevo, le llamaba él. Y ella entonces se perdía en esa imagen borrosa creada en tan solo cuatro escasos encuentros. Ahora vendrá la otra, dice él, ella le mira y se ríe. Siguen con las bromas entre caricia y caricia, tal vez porque es la manera más sencilla de esconder lo que de verdad sienten, quizá porque prefieren no decir que los dos ven el final. Sí, es menos doloroso así. Se miran furtivamente evitando que sus miradas se encuentren. Ella le besa y por un momento él se deja querer, se quita sus barreras y la abraza. Y es en ese momento en que los dos se olvidan de todo y solo quedan ellos desnudos, abrazados, queriéndose  cada uno a su manera...y así se quedan dormidos.

Suena el despertador, por un instante siguen mostrándose totalmente desnudos por dentro el uno para el otro, pero al cabo de un segundo los dos se visten con sus máscaras y todo vuelve a la realidad. No cruzan apenas palabra, un beso como el de todos los días. Ella se va, no hay más, los dos saben que no volverán a verse, pero ninguno quiere decirlo en voz alta, así evitan el drama, así ella no llorará delante suyo, así él no mostrará su tristeza. 

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