La vuelta a casa siempre resulta algo extraña y más cuando han pasado tantos meses. Una mezcla de emociones contradictorias vienen y van: por un lado esa excitación de volver a donde tantos años he vivido, ver a esa gente con la que tantas cosas he compartido y que en su momento fue tan importante y con la que ahora quizá solo queda ese cariño basado en el recuerdo. Por otro lado reconozco cierto miedo a viejos fantasmas aun no superados. (Quizá la razón de mi intento de alejarme todo lo posible de aquí.)
Y poco a poco vamos subiendo el puerto, la carretera de curvas se va adentrando más y más entre los desfiladeros de montañas a un lado y a otro, y finalmente el paisaje se abre y sorpresa! el pantano está lleno! quizá hace años que no está tan magnifico como ahora. Y seguimos subiendo y veo el avance de la modernidad, los primeros signos de esa autovía tan ansiada que romperá del todo con lo poco que aun quedaba de ese aislamiento, ya ilusorio, del Pirineo.
Y coronamos la montaña y entonces empieza el descenso, y mientras bajamos el mundo se abre, y por fin mis montañas! creo que esta vista nunca dejará de impresionarme, y es ahora cuando soy consciente que ésta es una de las razones por las que siempre vuelvo por este paisaje que me resulta tan familiar y que por otro lado me hace sentir cada vez más extraña.
Y seguimos descendiendo, estando cada vez más cerca de todo aquello que yo misma decidí intentar dejar atrás, y de repente mi mente vuelve a Barcelona, a mi casa, con mis gatas, con mi mundo y con toda esa gente que forma una parte importante dentro de él.
Intento volver aquí... Ya estamos llegando
1 comentario:
tal cual lo escribes, uno es capaz de visualizar todo aquello en su mente, sera un placer seguir leyendote linda, muak
Publicar un comentario